Cuba vuelve a decir presente en un Mundial Sub-20 con una gran interrogante

Chile recibirá a una Cuba Sub-20 que vuelve a la élite mundial doce años después y con un dilema que trasciende la cancha: ¿cómo retener talento en medio de carencias estructurales y la atracción de ligas profesionales? El regreso llega con rivalidades mayúsculas: Argentina, Italia y Australia en el Grupo D y con estadio grande: Valparaíso para el debut y el Nacional de Santiago en la ruta del torneo.

Por: Adalú Salas Grau

Foto: Sitio oficial de la Concacaf

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Para Karel Pérez, capitán de la Sub-20 y zaguero zurdo hoy cedido al SC Vianense desde el Gil Vicente de Portugal, la clasificación se gestó mucho antes del último penal en Guanajuato. “Nos concentraron casi un año, todos nos decían que esta generación podía llegar al Mundial. Solo había que creérselo”, recuerda. En el premundial de Concacaf 2024, Cuba avanzó como mejor tercero y, en cuartos, eliminó a Honduras por penales para sellar boleto a Chile 2025. “No lo vivo como presión: es una gran oportunidad para mostrarnos”, agrega.

La otra cara del logro está puertas adentro. Raúl Hernández, encargado de prensa de la Asociación de Fútbol de Cuba (AFC) y team media officer de las selecciones, no maquilla el contexto: “Vivimos una crisis energética multifactorial que nos obligó a trabajar el doble”. La liga doméstica, amateur y organizada por provincias, sufrió interrupciones por falta de transporte y combustible; este año reanudó formato Apertura/Clausura en su 108ª edición. Como respuesta, la AFC promovió la colocación de juveniles en ligas de Centroamérica y algunos en Europa para sostener ritmos competitivos.

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Esa “fuga hacia afuera” convive con otro fenómeno sensible: los atletas que deciden no volver tras una competencia. Pérez lo aborda sin eufemismos: “Nadie nos pone presión; el que se quiere quedar, se queda. Es triste perder talento por factores externos, pero es decisión de cada cual”. Hernández añade el matiz institucional: la puerta sigue abierta para futbolistas de la diáspora o nacidos fuera con lazos cubanos, siempre que cumplan la normativa FIFA. La identidad, dice, no depende del código postal.

En lo deportivo, nada de cálculos: grupo de hierro y foco en competir. “No vamos a achicarnos con nadie. Que el campo decida”, desafía el capitán. La vitrina será grande: el 28 y 30 de septiembre Valparaíso recibirá duelos del Grupo D, incluido Cuba vs. Argentina, y el Mundial cerrará el 19 de octubre en el Estadio Nacional. Para una selección que jamás ganó en su única participación previa (Turquía 2013), sumar, resistir y mostrarse es un plan tan realista como ambicioso.

Foto: ESPN Centroamerica/X

Entre la épica del retorno y la pregunta que no se apaga —¿cómo construir un camino sostenible para que el talento se quede ligado al proyecto nacional, aunque juegue afuera?— Cuba llega a Chile con algo más que ilusión. Llega con una generación que se formó a contracorriente, un staff que se profesionaliza (entrenadores con licencia A en Italia) y un discurso que evita la queja para abrazar soluciones. El próximo silbato dirá si alcanza para octavos; mientras tanto, ya ganaron algo vital: volver a “decir presente” y hacerlo con una causa que excede 90 minutos.

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